Maestros y ciudadanos ¿solo valiosos como electores funcionales?

El pasado 29 de agosto a través de mi cuenta de twitter y bajo la pregunta: ¿Habrá quién tenga oídos para oír a los maestros en el país político? expuse como educador, en un artículo escrito para www.maestroscolombia.com,una serie de ideas sueltas para la discusión, de las que considero algunas de las problemáticas más serias y sentidas del gremio docente y un esbozo de propuestas para su posible resolución.

 

El trino obtuvo poco más de 100 retuits y otro tanto de “me gustas” y según WP Statistics tuvo una aceptable lecturabilidad, pero cero respuestas de quienes desde ahora y durante los próximos meses tendrán que hacer proselitismo en función de captar la atención de los electores y buscar “seducir” y traducir en las urnas la favorabilidad popular.

 

La no respuesta, más allá de la generosa atención ciudadana, pareciera medir la importancia que le merece al país político conocer de primera mano aquello que preocupa a los ciudadanos educadores o quizás, por decirlo de otra forma, la manifestación inequívoca de una indiferencia manifiesta por el tema educativo y por lo que ocurre a los actores de la educación, quienes al parecer solo les parecen valiosos a los políticos como electores acríticos y sumisos y no como sujetos a los que por respeto debería escuchárseles, atendérseles y/o respondérseles.

https://twitter.com/OrtizSAlberto/status/1432084670968221698?s=19

Si eso ocurre con quien como yo, desde una ciudad capital dispone de la posibilidad de intentar hacerse oír a través de una página web y de las redes sociales, no quisiera pensar de qué manera dramática se reducen las posibilidades para ser escuchados de los hombres y mujeres que laboran en la docencia en los espacios más recónditos de la Colombia rural, del país olvidado o de aquello que algunos denominan la Colombia profunda.

 

Lo más deplorable de la situación, es que quienes han sido o han postulado personalmente sus nombres para llegar al ejecutivo y al legislativo, más allá de lo estrictamente cosmético, esto es desde el denominado manejo de marketing e imagen política, no se les escucha aún plantear ni una sola propuesta seria y coherente que movilice a los electores en función de ideas estructuradas y no de superficiales slogans sofistas.

 

Los grandes temas que deberían estar siendo tratados como factor de movilización ciudadana en función de acometer las grandes transformaciones estructurales que el país requiere y demanda a gritos no se tocan para no asumir compromisos y para no pactar con quiénes deberían estar asumiéndose responsabilidades, esto es, con el constituyente primario.

 

Los escenarios de discusiones y pactos siguen sin ser los públicos y continúan siendo los privados a los que muy pocos y solo unos privilegiados tienen acceso. Los temas tratados, más allá de reflejar ambiciones personales, más no aspiraciones (que sí son legítimas), giran en torno a características y puestos o lugares en las listas por construir, en un proceso en el que las ciudadanías no participan libremente y donde lo predominante son decisiones inobjetables adoptadas vertical y no horizontalmente que ni siquiera son objeto de refrendación por las bases.

 

Desde esta especie de instrumentalización de las personas es desde luego comprensible que no se logre, a pesar de las buenas intenciones, llegarle a los desesperanzados, a los escépticos y a toda esa franja de población abstencionista que no participa, precisamente porque no cree, y con sobradas razones, ni en la política, ni en los políticos, ni en las formas y métodos que se emplean en la política para adoptar decisiones en los que de acuerdo a la constitución del 91 a los ciudadanos y ciudadanas debería convocárseles.

 

Y es que al país nacional, al que históricamente se le margina hasta llevarlo en un acto de rebeldía a auto marginarse a través de fenómenos no suficientemente comprendidos y estudiados como la abstención, rara vez se le convoca a ser copartícipes y protagonistas de la historia, de su propia historia, sino que su participación se le limita o restringe a la de una suerte de espectadores a los que únicamente se les convoca a refrendar en las urnas lo que otros ya de antemano han decidido. Los ciudadanos quieren ser copartícipes y no partícipes de procesos políticos y eso aún no se ha entendido.

 

Si algunos con credencial y a otros sin aún haberla obtenido les parece una molestia leer y escuchar a otros y desde una posición de vedette los desestiman o menosprecian en función del número de seguidores que estos últimos ostentan en sus redes sociales, no quisiéramos pensar que podría ocurrir poco después de acceder a una curul y entrar a ser parte del selecto grupo de “padres de la patria”. Ojalá recapaciten y mientras eso ocurre y se le da a los ciudadanos el valor que se merecen, en lo personal les notifico: esta vez no endosaré mi voto, no expediré cheques en blanco ni movilizaré a nadie a votar por quiénes no se comprometen, no conmigo, sino con los ciudadanos y ciudadanas del país, incluidos sus educadores.

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